Cómo sobreviví a una semana trabajando desde mi iPad

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Cómo sobreviví a una semana trabajando desde mi iPad

Os narro mi experiencia sobre cómo conseguí trabajar desde un iPad durante una semana y, paralelamente, cómo conseguí adaptarme al trabajo desde un tablet.

Desde su presentación inicial allá por 2010, el iPad –y las tablets en general– ha sido siempre uno de los productos más incomprendidos por la sociedad. Mitad portátil, mitad smartphone. Una fina línea que, para muchos, es difícil de sostener a largo plazo (considerando el adelgazamiento de los portátiles, el ensanchamiento de los smartphones y las carencias que las tablets muestran en determinadas situaciones).

Una semana trabajando con un iPad. ¿Es posible?Pero, al igual que existen una gran cantidad de detractores del concepto tablet, también existen una gran cantidad de de usuarios devotos de esta –y, en concreto, del iPad–. Devotos capaces de abandonar su MacBook –o cualquier otro portátil– y trabajar únicamente desde un iPad. Un sueño húmedo para muchos.

Sinceramente, siempre tuve curiosidad por cómo esas personas eran capaces no solo de adaptarse al concepto tablet, sino de desarrollar sus tareas con el software aparentemente limitado que encontramos en la App Store. Por ello, la pasada semana me dispuse a ponerme en su piel. Un iPad Mini 2 y yo, solos. Mi MacBook Pro Retina en el servicio técnico. Y ningún otro ordenador portátil a mi alrededor al que acudir. ¿Fui capaz de sobrevivir? La respuesta es sí, y esta es mi experiencia.

Los cuatro pilares que me hicieron la vida más sencilla

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Los primeros días fueron complejos. No por falta de herramientas, sino por la necesidad de adaptarme al concepto tablet. Olvidar un ratón y controlar todo con los dedos puede parecer algo sencillo, pero cuando se trata del trabajo, adaptar nuestros flujos a esta nueva forma de interacción es un poco costosa. No obstante, conforme pasó el tiempo, la situación fue mejorando gracias a cuatro pilares:

  • Dropbox como Finder (o gestor de archivos). Inevitablemente, necesito traspasar datos y archivos de una aplicación a otra de una forma regular. Pero el iPad no cuenta con un gestor de archivos como tal –a diferencia de las tablets Android o de los ordenadores de escritorio–. ¿Cuál fue la solución? Emplear Dropbox como mi Finder. Desde iOS 8, todas las aplicaciones pueden acceder a datos almacenados en la nube (Google Drive, OneDrive, iCloud Drive, Dropbox, etc.), por lo que la mejor forma de solventar este problema fue utilizar Dropbox como un Finder. ¿Necesitaba guardar un archivo para procesarlo más tarde en otra aplicación como Pages, WinZip o Evernote? Guardo en Dropbox y después lo abro desde la aplicación que desee. Y una vez acabado el proceso, volvemos a guardarlo en Dropbox.

  • Workflow. En Hipertextual hemos hablado numerosas veces de Workflow, una aplicación que permite automatizar diversas series de tareas. Para aumentar la productividad con un iPad, esta aplicación es esencial, pues nos permite completar flujos de procesos de una forma realmente sencilla. Desde crear GIFs en base a una ráfaga de imágenes hasta casi cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. Y además en la red cada vez hay más y más workflows que podemos incorporar a nuestra librería.

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  • Teclado físico con atajos. Siempre he defendido que es posible escribir a dos manos desde el teclado táctil del iPad. Pero cuando vas a pasar diversas horas escribiendo frente a él, la sensación de un teclado físico es inigualable –considerando, sobre todo, lo habituados que estamos a estos–. Por ello, lo mejor es recurrir a un teclado físico que se conecte a nuestro iPad vía Bluetooth. Y si puede ser, con atajos de teclado (como copiar y pegar, teclas de acceso rápido a la pantalla principal, etc.).

  • Gestos. El iPad cuenta con varios gestos para interactuar (pellizcar con cuatro dedos para la pantalla principal, deslizar lateralmente con tres para cambiar a la aplicación anterior, etc.). Si queremos ser productivos con el iPad, aprovechar estos gestos es de gran ayuda. Por ejemplo, si estamos tomando información de una web y, simultáneamente, escribiendo en otra, podemos deslizar lateralmente cada vez que necesitemos consultar un dato. Y es sumamente útil.

Con estos cuatro pilares, la situación con mi iPad mejoró exponencialmente. Podía ser realmente productivo –al menos para la mayoría de mis tareas diarias–. Pero, obviamente, no todo es perfecto, y el iPad sigue teniendo algunos lastres que perjudican.

Lo positivo y lo negativo tras trabajar una semana con el iPad

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Tras una semana, he podido comprobar que trabajar desde la tablet de Apple es algo posible. Cuenta con una gran potencia –sobre todo el iPad Air 2–, y hay una gran cantidad de aplicaciones que se adaptan a nuestras necesidades (desde la suite ofimática Office hasta aplicaciones para nichos más concretos). Pero no pretendo entrar en el software disponible para la tablet de Apple, pues es algo diverso y subjetivo de valorar. En lo que sí pretendo entrar es en qué me ha convencido este iPad a la hora de trabajar y en qué Apple debería hacer más hincapié de cara a futuras versiones.

  • Mayor productividad gracias a la focalización. En el iPad podemos tener una única aplicación abierta al mismo tiempo. Y eso nos permite concentrarnos mucho más en la tarea que queremos realizar. Un ejemplo: si me encuentro redactando un texto largo, este modo inmersivo me permite concentrarme al máximo en dicho texto en lugar de prestar atención al resto de aplicaciones instaladas o a las numerosas notificaciones entrantes. Ayuda a matar esa multitarea y a completar las tareas de una forma más rápida.

  • Menos velocidad. Muchas animaciones, muchos gestos, etc. El iPad sigue siendo algo lento cuando se necesita realizar algo con cierta celeridad (por ejemplo una noticia breaking que tenemos que publicar en Hipertextual). Es algo que se puede solucionar relativamente rápido con nuevos atajos de teclado o con funcionalidades como la multiventana (que encontramos en la familia Note). También es muy probable que, con el paso del tiempo, esa diferencia de velocidad respecto a mi portátil se cierre –conforme nos adaptemos más al concepto tablet como herramienta de trabajo–.

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  • Mayor portabilidad. Los iPads son suficientemente grandes para trabajar, pero más pequeños que un portátil convencional (alrededor de 13 o 15 pulgadas). Por lo tanto, son dispositivos que siempre podemos llevar encima. Incluso con más frecuencia que nuestros portátiles. Y eso se agradece enormemente si trabajas con frecuencia en movilidad.

  • El iPad sigue sin ser válido para todos los sectores. Y eso es algo que debemos asumir. Mientras que un ordenador es útil sea el sector que sea, el iPad no lo es. Para un estudiante es más que suficiente. Para un periodista, probablemente también. Y así con una gran cantidad de profesionales. Pero muchos otros, como los profesionales del diseño y la fotografía o los ingenieros, aún no pueden recaer únicamente en el iPad. En mi caso, diversos simuladores de circuitos no están disponibles para el iPad, y es algo esencial en mi día a día.

Así pues, podemos resumir que trabajar con el iPad sí es algo posible. Y sí se puede ser tan productivo como con un portátil convencional. Eso sí, la dificultad recae en adaptar nuestro flujo de trabajo a la forma en la que interaccionamos con una tablet. En ese momento, podremos extraer todo el potencial del iPad y de la gran mayoría de tablets del sector.




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